
Los amores mueren de hastío, y el olvido los entierra. Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.
Hola, qué tal, cómo estás. Bienvenido una vez más a este minúsculo rincón de madridismo. Minúsculo, pequeño y diminuto porque, para bien o para mal, somos poquitos los que nos pasamos por aquí; pero grande en sentimiento y amor madridista. Me parecía importante dejar claro esto precisamente hoy.

También quiero aprovechar para felicitar el Barça por su vigésimo noveno título de Liga. Sí, no te miento, lo digo con la boca pequeña, a ver, que uno tiene su corazoncito. Igual esperabas que lo pusiera en negrita, al doble de su tamaño y con un icono de fuegos artificiales al principio y final de la frase. Pues ya siento haberte decepcionado.
Y ahora vamos con lo nuestro que bastante tenemos encima. Verás, uno siempre espera de su equipo que como mínimo sea valiente, que no se esconda, que se plante en el campo y diga aquí estamos, que tire pa’lante en vez de encogerse y acunarse en tablas y que por encima de todo siempre, siempre dé la cara.
Claro que un equipo no es nada así por sí mismo porque al fin y al cabo (spoiler: se viene perogrullada) depende las personas que lo forman. Por eso valoramos tanto la necesidad de que los veteranos enseñen a los nuevos lo que significa el Real Madrid. Son personas las que transmiten esos valores … y son personas las que deciden aprenderlos o pasárselo todo por el forro de los cojones.

Por lo que sea (al final de temporada tendrás el ya tradicional post final en el que me explayaré más), nos hemos vuelto a convertir en el Club de niñatos malcriados que fuimos hace tiempo y que tantísimo costó dejar atrás. Por cierto, que fue Mourinho el que puso las bases para que esto sucediera. Ahí lo dejo.
Miras ahora al equipo y ya sea en el once titular, en la dirección deportiva o institucional, en el banquillo o de vacaciones en Cagliari; y lo único que ves es egoísmo, egocentrismo, ingratitud, individualismo y mucho adocenamiento, más medianía y muchísima, pero muchísima, mediocridad.
Y no lo digo únicamente por el partido que hemos perpetrado hoy que, por otra parte, no ha sido más que la consecuencia lógica de la dejadez, la desidia, la indolencia y la apatía de la que, con contadísimas excepciones que no suman más que los dedos de una mano, hemos hecho gala estos últimos dos años.
Por un momento se me pasó por la cabeza la idea de que Arbeloa se liara la manta a la cabeza y plagara el equipo de jugadores del Castilla. Pero luego pensé que mejor no, que era mejor que se comieran el marrón los mismos que habían provocado este desastre. Al final es que ya me daba igual quién estuviera sobre el terreno de juego.

Debe ser la primera vez, y espero que sea la última, que me pongo a ver un Barça – Madrid con la misma ilusión, ganas y ánimos con las que me pondría a ver la final del Campeonato del Mundo de comedores de hamburguesas. Tiene para mí ahora mismo más interés ver cualquier retransmisión de una partida de snooker (por cierto, qué bueno es Wu Yize) que a mi querido y amado Real Madrid.
Y lo peor de todo es que ni siquiera queda el consuelo de saber que, tarde o temprano, este temporada finalizará; más que nada porque no hay ahora mismo ninguna señal que nos indique que la temporada que viene vaya a ser diferente. Sin dirección institucional, sin dirección deportiva y con los jugadores a guantazos un día sí y otro también, ya me dirás tú qué panorama nos espera.
En fin, no te parezca mal si lo dejo ya aquí. Ahora mismo lo único que me apetece es coger tres o cuatro botes grandes de helado de vainilla con cookies (juraría que tengo unos cuantos en el congelador, capaz soy de bajar a la gasolinera a por unos cuentos caso que no tenga ninguno) y ponerme la peli de Blue Valentine mientras devoro el helado, lloro como una magdalena y me pregunto cómo hemos podido llegar a esto.
Venga, que te sea leve mañana el día en el trabajo, oficina, colegio, instituto, universidad, grupos de whatsapp, bares, cafeterías y, en general, cualquier sitio en el que haya alguien dispuesto a tocarte los güevos. Toca aguantar el chorreo y esperar tiempos mejores. Es lo que hay, ya lo siento.

Postdata 1: en su afán por creerse más graciosos que nadie, aficionados del Barça han tirado piedras al autobús de su propio equipo pensando que era el del Real Madrid. Y no es la primera vez que les pasa. El chiste se cuenta sólo.
Postdata 2: mi más sentido pésame para el entrenador del Barça por el fallecimiento de su padre.
Pincha aquí si aún tienes ganas de ver el resumen del partido. Hala Madrid y Nada Más.
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