
No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria. Dante Alighieri (1265-1321) Escritor y filósofo italiano.
Hola, qué tal, cómo estás. Bienvenido una vez más a este pequeño rincón de madridismo. Creo que ya te lo he contado alguna vez pero como no se me ocurre otra cosa que refleje mejor lo que siento, volveré a recurrir a una frase que mi madre, que en paz descanse, soltaba por casa cada vez que mis hermanos y yo montábamos alguna, que solía ser un día sí y otro casi que también.

La frase comenzaba con varios improperios que variaban en función del tamaño de la trastada y terminaba siempre con un «cabreáis a María Santísima«. Años después, cuando se supone que nuestros actos ya no cabreaban a ninguna Santa, comentando la frase con mis hermanos llegábamos a la conclusión de que mi madre era, como buena andaluza, una exagerada.
Pero no, para nada. Basta con ver un partido de los nuestros en los últimos dos años para entender que se puede cabrear y mucho hasta a lo más sagrado. Y así nos va, que vamos pasando del enfado al enojo, de este al disgusto, luego al fastidio, que se convierte en cabreo, indignación y hastío hasta que llegamos por fin a la furia y a la cólera.
Y es que esto no hay un Dios que lo aguante. Y aunque poco más te puedo contar, vamos a lío a ver si de camino se me ocurre algo más. Que no sea por no intentarlo.
El Antifútbol
Una de las cosas que más se le echa en cara al Getafe es que practica el antifútbol. Y, bueno, la verdad es que quien eso dice no va muy descaminado. Pérdidas constantes de tiempo, balones que mágicamente acaban lejos del lugar en que se ha cometido la falta, exageraciones cuando son objeto de alguna falta y un largo etcétera de acciones encaminadas a sacar de quicio al rival. Y un golazo en el único tiro a puerta que han realizado, que hay que contarlo todo, claro.
Te puedo decir que he tenido algunos momentos de tanta angustia y temor por la seguridad física de los jugadores del Geta que por momentos he mirado al techo esperando que se abriera de par en par para que entrara un ejército de helicópteros medicalizados y atenderlos a todos. Tal ha sido mi preocupación, ansiedad e inquietud por el estado de salud de nuestros rivales.
Pero, al fin y al cabo, eso también es fútbol. Es decir, a mí me parece un fútbol de mierda, cavernícola y totalmente desfasado. Un fútbol que, eso sí, contaría con la aprobación de Bilardo y los bilardistas. Tanto que me imagino a D. Carlos Salvador retorciéndose en su tumba y deseando salir para darle un abrazo al bueno de Bordalás, cual mentor dando las gracias a su alumno más aventajado.

Pero, insisto, es fútbol. Que me guste más o menos es otra cosa. Pero serlo, lo es. Y lo que sí que hay que aplaudirle a D. José es que con los mimbres que tiene sea capaz temporada tras temporada de mantener al equipo en primera. Para que me entiendas: pedirle al Getafe que juegue como si fuera el Brasil de Pelé es como pedirle a Huijsen que le de un pase en condiciones a un compañero.
Antifútbol es lo que hacemos nosotros, no tengo ninguna duda. Ver un partido de los nuestros es lo más parecido a que te arranquen los ojos con un quitagrapas y luego te echen ácido clorhídrico en las cuentas vacías; todo ello mientras te restriegan un cepillo de púas por la espalda y una máquina te castiga los güevos tirándote bolas de béisbol. Eso sí es antifútbol, comparado con esto lo que hace el Getafe es pura poseía.
La nada
No hay un pase en condiciones, nadie quiere asumir el riesgo de dar un pase en largo no vaya a ser que falle, ya puede Gonzalo tirar mil desmarques que no le van a ver ni uno, todo se desarrolla como a cámara lenta y el único afán de los jugadores es intentar que el balón le llegue a Vini (que le llegue en condiciones es lo de menos) para que intente regatearse a los cuatro que le están esperando.

Hoy además le hemos sumado un nuevo elemento a la ecuación (siempre se puede ir a peor, ya tú sabes): la falta de sangre. Era desesperante ver que estabas perdiendo el partido y por ende tirando la Liga a la basura … y ahí seguíamos moviendo la pelota sin sentido de un lado a otro a la misma velocidad que mi padre sube las escaleras de casa.
Todo como si la cosa no fuese con nosotros. No tengo pruebas pero tampoco tengo dudas de que alguno seguro que cuando ha oído el pitido final ha dicho ¿ya? ¿pero no quedaba aún media hora? Falta de sangre, de espíritu y hasta de rebeldía. Falta de tó y ganas de ná.
O mucho mejor: cuando en el ¡¡¡minuto 96!!! alguien los ha mando a todos hacia arriba para que el bueno de Courtois metiera el balón en la olla y, por una de esas casualidades de la vida, la cosa acabara en gol; seguro que más de uno ha soltado un ¡qué exageración!. Cero pruebas y menos dudas.
Esa cantera guapa
Hoy ha debutado Thiago Pitarch como titular. Y como era de prever, ha sido lo único potable del equipo en los cincuenta y cinco minutos que Arbeloa le ha dejado sobre el terreno de juego. Normal que le haya quitado a los diez minutos de la reanudación. No había otra opción, no se podía aguantar esta situación por más tiempo.
Y todo porque el canterano hacía algo increíble: tocaba el balón y rápidamente se ofrecía para que el compañero se la devolviera. Volvía a tocarla y volvía a ofrecerse. Y así hasta el infinito. Y claro, el resto le miraban como si fuese un marciano y pensando qué se habrá creído que es el niñato este.

Tampoco tengo ninguna duda de que el míster durante el descanso le recriminó su actuación. Más o menos le debió decir que parara un poco que hasta él se estaba cansando. Que hiciera como el resto: no moverse ni aunque le picara un escorpión. Que su referente debía ser D. Tancredo y no Speedy Gonzales.
Claro, comenzó la segunda parte y el chaval siguió a lo suyo. En estas circunstancias Arbeloa hizo lo más racional y sensato: quitarle de en medio. Él (Arbeloa, no Thiago) ya había cumplido con la cuota correspondiente poniéndole de titular y permitiéndole jugar con los mayores. Que se dé con un canto en los dientes (Thiago, no Arbeloa).
Acabando
Suelo escuchar las ruedas de prensa de nuestro entrenador de turno de la que estoy volviendo a casa. Es una forma también de tomar ideas cara a escribir estas líneas. Hoy no he tenido valor. Quizá porque en cuanto he tomado la A6 se me ha puesto un coche de la Guardia Civil al lado que me ha tenido cuarenta kilómetros pendiente de no sobrepasar los límites de velocidad. Y quizá también porque ya me imaginaba lo que Arbeloa iba a contar.
Así que no creo equivocarme mucho si D. Álvaro ha sacado a relucir que esto es el Real Madrid, que aquí no se rinde nadie, que todavía quedan nosécuántos puntos, que hasta el rabo todo es toro, que el equipo ha luchado pero que nos ha faltado suerte, que el viernes vamos a por el Celta y que se ande con cuidado el City. Ah, y que tenemos una plantilla de la leche y que él se ve con fuerzas para seguir haciendo lo que sea que esté haciendo.
La realidad es que hemos tirado la Liga a la basura y que el problema o la disyuntiva ya no es si el City nos va a eliminar o no en la Champions, sino cuántos goles nos va a meter por el camino. Sí ya sé que esto suena muy poco madridista, y que la historia, y que patatín y que patatán. Pero es que una cosa es tener esperanza y otra ser realista (de realidad, no de Real, que hay que explicarlo todo).
Hay un peligro adicional del que todavía no te he hablado y es algo que estoy detectando en la grada y que también estoy empezando a asumir como propio. Se trata de que estamos llegando a un punto en que las derrotas y el antifútbol que desplegamos cada vez nos enfadan menos. Y eso, la desafección de los aficionados, sí que es un problema gordo. Ojito con esto.
Dejo un último espacio para el matrimonio con sus dos hijos que ha ocupado hoy los cuatro asientos a mi derecha. Todos con camiseta y bufandas nuevecitas, además de una gorra que llevaba el padre. Entre las entradas y los abalorios (no cuento otros gastos) se habrán dejado alrededor de mil pavos en la fiesta … la verdad es que visto lo visto, no se me ocurre una mejor forma de tirar el dinero a la basura.
En fin, la próxima parada será el viernes a las 21:00 horas en Balaídos. Ninguna fe, menos esperanza, y sólo pendientes de que el Celta tenga algo de caridad y no nos haga mucho daño. Así está el percal, no te digo nada y te digo tó. Por aquí te lo contaré. Nos leemos.

Te dejo con el resumen del partido, o como se llame eso que hemos hecho hoy.
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